¿Sabías que existe un órgano en nuestro cuerpo que se encarga de descomponer esas grasas que consumimos y que tanto nos gustan? Sí, podemos disfrutar de ellas, como todo, con moderación. Siempre asegurándonos de que nuestro cuerpo está en óptimas condiciones para su debido procesamiento. Situado en la parte superior derecha de nuestra cavidad abdominal, justo debajo del diafragma y por encima del estómago encontramos un órgano de color marrón rojizo que tiene múltiples funciones de vital importancia para nuestro organismo – el hígado. Su misión principal es la de regular los niveles de los químicos en la sangre y la excreción de la bilis – la cual juega un papel fundamental en la descomposición de las grasas y prepararlas para su digestión y absorción. En pocas palabras, el hígado procesa la sangre seleccionando sus componentes y convirtiéndolos en nutrientes para nuestro cuerpo. Desde el enfoque de la quiropráctica, un mal-posicionamiento vertebral podría causar una interferencia en el sistema nervioso, sistema que controla y regula todas las actividades del organismo, afectando el control que este tiene sobre el hígado. El hígado seguirá cumpliendo su función vital, pero no en un equilibrio perfecto. Esta desestabilización se traduce, a su vez, en un bajo rendimiento corporal. En consecuencia, todos y cada uno de los aspectos de la vida de la persona se verán afectados. Y así seguirá, causa del desequilibrio químico-hormonal provocado por esta interferencia, hasta que no sea liberado el sistema nervioso de esta interferencia. Los signos típicos de un hígado desestabilizado son:
- Restricción en el movimiento y dolor del hombro derecho.
- Tensión muscular durante el descanso.
- Antojo de azúcar.
- Dolor en la rodilla izquierda sin historia de trauma.
- Lengua blanca.
- Dolor en la parte superior del cráneo.
- Dolores varios y cambiantes – “Me duele por todas partes”.
- Tomar un complejo vitamínico rico en minerales – en especial Complejo B, Colina y Lecitina.
- Tomar Proteínas y Aminoácidos – en especial Metionina.
- Tomar abundante agua.
- Tomar probióticos.
- Tomar enzimas digestivas.
- Tomar té verde.